Del crac de General Motors

Ayer se finiquitó la tortuosa quiebra de General Motors (GM). Sus acciones en la bolsa de Nueva York se hundieron hasta llegar a los 0,49 dólares, cuando en noviembre del pasado año superaron los 90 dólares. Tras la presentación de su concurso de acreedores el gobierno norteamericano se hizo con el 60% de su capital social.

Si bien podemos considerar a la crisis crediticia la estocada mortal del gigante de Detroit, culparla de su crac sería quedarnos en la superficie. Atendamos al problema de fondo: el modelo pos fordista, típico de las empresas automotrices norteamericanas, implantado en GM, es el quid de esta cuestión.

La división del trabajo en la cadena de producción llevó al surgimiento de la clase media estadounidense, el american way, al incrementar el poder adquisitivo de los asalariados (aumentando así los niveles de consumo), y la expansión del liberalismo clásico. Tras la Gran Depresión, el keynesianismo de la época lo retocó someramente; al incorporar a los sindicatos en el sistema productivo. Pero no se atacó a la problemática de una acumulación de excedente que, en caso de disminuir la demanda, sería extremadamente difícil deshacerse de ella y  muy costosa de mantener.

Japón, por su parte, pasó en apenas unas décadas de ser un país subdesarrollado y desolado por la II Guerra Mundial a estar en la punta de lanza de… efectivamente, la fabricación de automóviles, con Toyota tras la Crisis del Petróleo de 1973. Esta empresa diseñó e implantó un sistema productivo, alternativo al pos fordista, el toyotismo. Se sustituyeron las cadenas de producción por jaulas, en las que los trabajadores eran aislados del resto y se les cronometraban las tareas. La principal diferencia radica en un concepto típicamente toyotista, el just-in-time, que elimina el excedente y se ajusta, como un guante, a la demanda.

GM estaba destinado a la bancarrota. En momentos como los actuales, en los que los flujos de crédito están secos y, por tanto, la demanda despeñándose cuesta abajo, el incremento de stock se hace insostenible, incluso para la bandera del capitalismo yanqui.  Dudo mucho que ninguna empresa sea capaz de comprar la totalidad de los activos de GM, en los próximos meses veremos el despiece y venta de la, otrora, gallina de huevos de oro de la primera potencia mundial.

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