El mamotreto de la Unión

Europa es una maraña burocrática: ¿quién es capaz de diferenciar entre el Consejo Europeo, el Consejo de la Unión Europea y el Consejo de Europa, sin mirar la Wikipedia? La renovación este año de la Comisión ha colocado a la británica Catherine Ashton y al belga Herman Van Rompuy como Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Presidente Permanente del Consejo Europeo, respectivamente.

Con Van Rompuy son tres los presidentes de la Unión: el de la Comisión, José Manuel Durão Barroso y el rotativo, el primer semestre de 2010, José Luis Rodríguez Zapatero. Los mandarines de Bruselas han apostado por perfiles de bajo nivel, poco telegénicos, lo que contrasta con el policy marketing tan actual. No parece que quieran solucionar la progresiva apatía de la sociedad de todo lo que suene a Europa, ¡basta con echar un vistazo a la baja participación en las elecciones al Parlamento Europeo!

Salta a la vista una diferencia que por evidente puede parecer una perogrullada, Van Rompuy o Ashton no son Obama. No se les puede pedir que abran cuentas oficiales en Facebook o twitten sus reuniones. Sin embargo, debemos exigirles, sobre todo a Ms. PESC una actuación más decidida en el panorama internacional porque es ella la cara visible de la Unión en el exterior: Ashton ha esperado dos meses para visitar Haití, el presidente francés, Nicolás Sarkozy uno.

Respecto a Van Rompuy, cabe destacar su cargo como primer ministro en Bélgica, un estado colgado de la picota por las disputas nacionalistas entre valones y flamencos. A pesar de su aspecto gris y poco carisma ha sabido enfocar bien los problemas fundamentales a los que se enfrenta la UE: la crisis económica, en especial Grecia y el mantenimiento de la ortodoxia del euro.

Una respuesta a “El mamotreto de la Unión

  1. Ufff qué valor!! meterte en el jardín de la Unión… He oído que la desinformación y la confusión existentes sobre el funcionamiento de esta, nuestra Europa, no es desinteresada. Es decir, que a las propias autoridades les viene muy bien que la gente, el pueblo soberano, no sepa lo que se cuece en Bruselas.
    En cualquier caso, la idea de que varios países renuncien a parte de su soberanía para poder crear un espacio de convivencia superior o supranacional, en los tiempos que corren, me parece una idea inquietantemente esperanzadora. Es como decir ¡abajo las fronteras! pero con la boca empequeñecida porque en esta vida, ya se sabe, todo tiene un precio. Incluso la democracia.

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