¡Abolamos la legislación laboral!

Ya tenemos reforma laboral, aprobada por decreto ley el 16 de junio y convalidada por el Parlamento el 21 con los únicos votos a favor de PSOE. Antes de plantearnos cuáles son o deberían ser las directrices que guíen la reforma, habría que reflexionar sobre qué papel juega la legislación laboral, es decir los convenios colectivos.

Los medios de la Caverna arguyen como panacea la eliminación de subvenciones a sindicatos. Este no es el problema principal, al fin y al cabo también reciben dinero público la patronal, los partidos políticos e incluso algunas ONG. No sólo esto, la Caverna, en un alarde de hipocresía, es capaz de decir que la solución es la reducción de la indemnización por despido y, simultáneamente, bramar contra la… ¡reducción de la indemnización por despido!

¿Dónde nace el concepto de convenios colectivos? La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue fundada en 1919 como organismo independiente y posteriormente integrada en la ONU. Los tratados de la OIT tuvieron una marcada inspiración socialista, pues los países de la URSS y sus satélites tenían amplias mayorías.

Estados Unidos, a pesar de ser uno de los mayores donantes de la OIT, ha rechazado sistemáticamente todas sus recomendaciones, mantienen el free collective bargaining. A diferencia de Europa, que sí las incluyó en sus legislaciones laborales. El mayor escollo de la UE (Alemania, Francia, Italia y, especialmente, España) frente a la crisis económica es el mercado laboral rígido, puesto que impide a la oferta adaptarse a shocks de demanda o competir en el mercado internacional.

No sólo esto, los convenios colectivos cercenan la libertad de la persona de vender su trabajo por lo que cree justo, puesto que está definido en la ley. Supongamos una persona cuya capacidad para trabajar sea escasa, a su poca productividad le corresponde un salario pequeño, posiblemente inferior al salario mínimo interprofesional. Naturalmente, el empresario no lo contratará por ese precio, incrementando el desempleo.

Imaginemos  ahora a otro trabajador que lleva más de 20 años en la misma empresa y cobra un salario de 10 unidades. A su lado se instala otra fábrica, la cual le pagaría 15 unidades, ya que ahí su productividad será mayor. Bajo el supuesto de regulación laboral, nuestro trabajador solicitará a su jefe un incremento de salario de, al menos, 5 unidades so pena de marcharse inmediatamente de allí y comenzar en la empresa de al lado. Ante tal disyuntiva, ¿qué dirá el jefe? Algo así como: Con 20 de años de pasivo laboral si te despido te pagaría 600 días (suponiendo 30 días por año trabajado), mientras que si te dejo marchar la indemnización sería… ¡cero! En conclusión, hay un claro incentivo a no subir salarios, proveniente de la pérdida de posibilidad de regateo del trabajador.

A largo plazo, nuestro trabajador (que procurará que su jefe lo eche de malas formas para así cobrar los 600 días y trabajar al día siguiente en la empresa de al lado por 15 unidades), está recibiendo por su trabajo menos de lo que debería, esto es el coste de la seguridad en el empleo. Y este coste no sólo repercute sobre el trabajador, lo cual resulta evidente, sino que se reparte entre toda la sociedad como una menor productividad.

Ahora bien, ¿qué se puede hacer? Como eliminar la regulación laboral es, en la práctica, imposible, podríamos convertir la indemnización por despido en algo así como un salario diferido. Es decir, en un seguro contra el desempleo cuyas primas se pagan con las rentas del trabajo en períodos de actividad. Así, la prestación no sólo es más justa, pues es proporcional a lo realmente cotizado y no, como viene siendo, a lo últimamente cotizado, sino que se introduce la posibilidad de elegir entre pagar o no esa prima.

Los estados europeos tienen los mercados laborales más rígidos de las economías occidentales (además del estancado Japón). En especial, el español. En Europa, además de las barreras no económicas, como la lengua (se hablan más de 20 idiomas), la rigidez impide que la fuerza de trabajo se distribuya de forma óptima. No sólo esto, ya que los empresarios tienen incentivos a sustituir el trabajo por el capital excesivamente. A este fenómeno se le denomina sobrecapitalización de la economía, el cual reduce la demanda de mano de obra y con ella los salarios.

La regulación laboral es un ejemplo de lo perverso que es el discurso económico socialdemócrata. Pensada, en principio, para beneficiar a la clase trabajadora en realidad, la empobrecen. Y para muestra un botón: si Suecia (el templo del Estado de bienestar) perteneciese a los Estados Unidos, sería el séptimo estado más pobre.

Una respuesta a “¡Abolamos la legislación laboral!

  1. ¡Hola Emilio! Soy Charro. Actualiza más el blog que está de puta madre. La entrada anterior me encantó, gracias por colgar el vídeo y por descubrirme de paso una página molona.

    Al lío:

    “La regulación laboral es un ejemplo de lo perverso que es el discurso económico socialdemócrata. Pensada, en principio, para beneficiar a la clase trabajadora en realidad, la empobrecen. Y para muestra un botón: si Suecia (el templo del Estado de bienestar) perteneciese a los Estados Unidos, sería el séptimo estado más pobre.”

    Supongo que cuando afirmas esto, te referirás al PIB por habitante de ambos países o a algún dato similar. En mi opinión es analizar la situación desde una perspectiva simplista. Si escoges otras listas como el IDH, el Coeficiente de Gini, la lista de países por igualdad de ingresos o el número de pobres en términos porcentuales el resultado sería el contrario: los suecos aparecerían como la panacea a nuestros males, mientras que Estados Unidos mostraría sus carencias y sería tildado, como mínimo, de nación económicamente mediocre (en el caso de la igualdad de ingresos el adjetivo sería peor, ya que ocupa el puesto ¡74!).

    Si tomamos todos los datos, tanto el PIB como el resto, podríamos afirmar que ambos países juegan muy bien a lo suyo: EE.UU. lidera el ranking que más interesa al capitalismo neoliberal (cabría cuestionarse a costa de qué y quienes, pero mejor lo dejamos para otra ocasión) y Suecia el que más interesa al capitalismo socialdemócrata (ídem, aunque gran parte de tu entrada habla de ello y lo ejemplifica de forma, a mi parecer, tendenciosa).

    – AVISO: IDA HACIA LOS CERROS DE ÚBEDA. PUEDE QUE LUEGO TENGA SENTIDO, PROBABLEMENTE NO –

    El problema de España es que no sabe a lo que juega. Mejor dicho, quiere jugar únicamente con los aspectos positivos de ambas teorías, y termina haciendo trampa. Durante la primera legislatura, Zapatero, en términos macro, siguió una doctrina cercana al “neoliberalismo europeo” puesto en práctica por el PP (y también por el PSOE de González y su esperanza de tener un mayor número de Rockeffellers españoles – como Boyer -. Sigo yéndome por las ramas…), que en tiempos de bonanza maximiza el beneficio económico en términos del PIB a costa de otros aspectos, en el caso español el más relevante es la falta de diversificación productiva. Con la depresión, nuestro presidente quiso virar de rumbo hacia la socialdemocracia, protegiendo a las víctimas de la crisis (los parados) e inyectando dinero a… la nada. Bueno sí, a reasfaltar aceras, nuestro principal tejido productivo. Lógicamente le han obligado a rectificar: si juegas al teto no sólo das (no es el chiste más apropiado aquí, but…) y toca reformar el mercado laboral para que se amolde mejor al neoliberalismo.

    Volviendo de los cerros de Úbeda y centrándome (XD) en el título de la entrada y en lo referente al salario diferido como medida ante la rigidez laboral, pregunto ¿Por qué sólo mides la justicia y proporcionalidad en términos numéricos? ¿Te parecería justo que se aplicaran esos mismos términos a cualquier otra ciencia social? ¿Es justo que un currela que dispone de menor tecnología para ejercer su oficio, cobre menos tanto trabajando como en caso de despido?

    Otra cosa, que quizá te haya entendido mal ¿Crees sinceramente que una persona “poco productiva” (que no poco trabajadora, fijémonos en nuestro sector primario) debe cobrar menos que el salario mínimo interprofesional?

    Hala majete, un saludo. Y escribe más.

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