¿Bebemos porque somos monógamos? o ¿somos monógamos porque bebemos?

¿Por qué los grupos sociales o religiosos que permiten la poligamia (algunas ramas del Mormonismo y el Islam) no consumen alcohol? ¿Es una coincidencia?

Mara Squicciarini y Jo Swinnen, profesores de economía de la Universidad de Leuven (Bélgica) y miembros de la Asociación Americana de Economistas del Vino -sí, de todo hay en la viña del Señor- (AAWE, por sus siglas en inglés) ha publicado recientemente un trabajo titulado “¿Mujeres o vino? Monogamia y alcohol”.

La investigación estudia si existe una correlación entre el consumo de alcohol y la poligamia/monogamia a lo largo del tiempo y en varias culturas. Históricamente, encuentran que a medida que se produce el cambio desde la poligamia a la monogamia el consumo de alcohol crece. Además, se observa que las sociedades monógamas consumen más alcohol que las polígamas.

Los autores proporcionan varias hipótesis para explicar esto. En las sociedades preindustriales la correlación está relacionada con el grado de desarrollo de la economía.

Consumo de alcohol por países

Comparando las sociedades recolectoras y cazadoras con las que practican la agricultura y ganadería se observa que estas últimas beben más y son más monógamas. La mayor inseguridad sobre su supervivencia o su menor estructura jerárquica, rasgos típicos de las sociedades recolectoras, pueden ser la razón de su tendencia a la poligamia.

Por un lado, en ambas sociedades, el control masculino de los recursos permitiría el mantenimiento de varias mujeres. Por otro lado, los hombres podrían consumir mayor cantidad de alcohol para evadirse de sus responsabilidades o hacer frente a las restricciones sociales. La clave está en el nivel de ingresos: las sociedades recolectoras (con unos ingresos más bajos) demandaban, en media, menos cantidad de alcohol.

Históricamente, la transición global desde la poligamia a la monogamia y el crecimiento del consume de alcohol tienen su base en un momento crucial de la historia. Los griegos y romanos extendieron tanto la monogamia (al menos formal) y la viticultura por todo el mundo antiguo. Con la caída del Imperio Romano, la civilización Cristiana reforzó la monogamia, no obstante la poligamia continuó siendo una práctica común. Al mismo tiempo, los monasterios se convirtieron en fábricas cerveceras y vinícolas.

La revolución industrial trajo consigo el cambio definitivo hacia la monogamia (ya no sólo formal) y la popularización del consumo de alcohol. Ambos cambios, fueron inducidos por transformaciones profundas de las estructuras sociales y económicas, así como por el desarrollo y la innovación tecnológica asociada a la revolución industrial.

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